miércoles, 29 de septiembre de 2010

reconstrucción de la memoria

Cuando Arsenio Cué, una de las voces de Tres tristes tigres, examina sin mayores pretensiones “metafísicas” la exhibición como una condición humana : “no será el hombre una criatura que se exhibe ante el cosmos en este enorme convertible que es el mundo” (160) Su auto, la emulación de un rol hollywoodense, la imagen cinematográfica de Andy Hardy; le permiten justificar para sí mismo la postura ilegítima con la que alguna vez protagonizó sus recuerdos, y la manera en que son ahora son reajustados según su propia elección y combinación de los mismos “He visto demasiadas películas de la Metro para no haber cometido el error de no querer ser un cubano típico en ese momento [...]” (Cabrera. (1964. 2005:160)
Poco más tarde, y en otro paisaje literario, Raba -sirvienta de los Aschero- en Boquitas Pintadas se sirve del argumento de una película argentina como planteamiento hipotético sobre importantes decisiones futuras: “Raba pensó en la película argentina que había visto el viernes anterior, con su actriz-cantante favorita, la historia de una sirvienta de pensión que se enamora de un pensionista estudiante de abogacía. ¿Cómo había logrado que él se enamorase de ella? la muchacha había sufrido mucho para conseguirlo y Raba se dio cuenta de algo muy importante: la muchacha nunca se había puesto a enamorarlo, el había empezado a quererla porque la veía buena y sacrificada […] Raba decidió que si alguien de otra clase social, superior, un día le proponía matrimonio ella no iba a ser tonta y rechazarlo, pero tampoco sería ella quien lo provocase…” (Puig. [1969] 1999: 76)
En estos ejemplos de Cabrera Infante y Manuel Puig, la introspección como mecanismo de la exploración de la conciencia, se sirve de materiales que en otro espacio y en otro tiempo hubiesen sido tachados de frívolos e intrascendentes, pero que en estas obras literarias, son objeto de pasiones, desde donde los personajes encuentran una proyección de sí mismos. Los medios masivos encarnan una serie de representaciones sociales, de relaciones del individuo con su historia y con su memoria que transforman y restituyen la idea de “sujeto”. La literatura latinoamericana del siglo XX no ha sido ajena a este influjo e integra desde una condición crítica y estética, los valores de su entorno, donde los “productos culturales” masivos (como guiones de cine, la radio, la televisión, la informática y programas de computación, etc,) les sirven a sus personajes para consolidar su discurso, su memoria y su expresión ideológica.